PROPONGO EL SILENCIO

Por Rodolfo González

Si uno pudiera describir lo bonito que es sentir la lluvia en el cuerpo desnudo, quizá la lluvia dejaría de caer, indignada por tan atrevida confesión, enojada porque le delatan los secretos.

Si uno pudiera decir lo maravilloso que es sentir el viento en la punta de un peña sobre una montaña, quizá el viento dejaría de soplar o la montaña te impediría que la penetres, disgustada porque le quitamos el misterio, molesta porque revelamos, de algún modo, su enigma.

El intento de descripción de los placeres y de las molestias creo, es en cierto modo una forma de denigrar su pureza, de erosionar su integridad. De ahí que nadie puede describir el placer del amor, o narrar el delirio del orgasmo, o describir cabalmente el trance del efecto de la droga o la rabieta e indignación que causa la farsa gubernamental.

Por eso al pedirle a alguien que nos diga como le fue en un Temazcal, en una ceremonia o que tal el efecto del éxtasis, el parto del bebé, o como vio la lluvia de estrellas, obtendremos primero una respuesta parecida a: “pueeeeeees…” o “hijoooooles” o “es difícil de explicar” seguido de un silencio y una descripción pausada.

Tal vez la paz, la introspección, la felicidad, la meditación, la armonía, el júbilo, el placer y demás estados emocionales que uno encuentra esporádicamente en el campo, en la naturaleza o en estimulantes y la vida misma, no sean merecedores de la palabra humana. Pues esta en los últimos tiempos se dedica a nombrar cosas ajenas al espíritu, más apegadas a cuestiones materiales y antropocentristas. Entonces, en cambio si sea el silencio, la mejor manera de hacer entender lo inexplicable a los demás y de transmitir el mensaje de bienestar y de conexión con el dios o los dioses que uno encuentra en diversos lugares, que al final, no son más que el ente más puro y profundo de uno mismo.

En la capacidad de asombro y en el misterio está escondida una felicidad y una alegría ignorada, que cuando la encontramos, nos hace callarnos, para disfrutar mejor de la plenitud de lo indescriptible.

Y poco asombro con cero misterio en cambio, encontramos en la actual situación social y política tanto del país como de la Región.

A propósito de las intermedias; ¿qué tal una campaña política del silencio con planillas mudas? ¿Qué tal si nos organizamos para proponer y exigir el silencio a los candidatos? Ya poco nos puede ofrecer el razonamiento político para nuestra felicidad, la voz humana está demasiado gastada y el intento de convencer a alguien de algo es la acción más absurda que conozco. Conviene callarse la boca.

El silencio, el silencio. ¿Lo has escuchado?

Digo, mucha falta que nos hace y no causa ningún daño a la salud humana y planetaria, si se compara con el ruidajo patético que se viene, que está.

¿Cómo entonces describir la plenitud que otorga el silencio si ya ni lo conocemos?